Selva de Oza I. Castillo de Acher.

Del    18 al 20  Julio, tres días en Oza. Primer día dedicado al Castillo de Acher, del que doy cuenta en esta entrada del blog.

Me gustan los bosques, disfruto paseando por ellos, pero este de la selva de Oza en dirección al Castillo de Acher se me hizo un poco largo.  Habíamos salido temprano, y el bosque estaba silencioso, oscuro, opresivo después de llevar un buen rato atravesándolo. Sólo entra un poco de luz al cruzar el claro de algún barranco, y hasta que no dejamos el bosque atrás no pudimos contemplar una porción del paisaje que nos rodeaba. Tenemos a la vista el frente de escarpes producidos por la erosión del barranco de Acherito, en dirección sur, y del río Lescún, desde la divisoria fronteriza hacia el Norte. Un acorde continuo de picos que comienza en la lejanía con la Mesa de los Tres Reyes y termina con las paredes de Lenito.

Subimos hasta tomar contacto con el sol. El viento norte y la temperatura de la atmósfera presagian la evolución de nubes orográficas. Aprovechamos para hacer fotografías por si la nubosidad acaba cubriendo las montañas. También es un buen momento para tomar un respiro y , mapa en mano, ponerle nombres a los picos. El relieve mantiene una marcada asimetría, con un frente norte de fuertes paredes, y una vertiente sur con relieves en cuesta revelando el carácter plegado de las calizas.

El manto de calizas forma la complicada geología de la Sierra de Alano. Lenito y Peña Forma enseñan la potencia  del pliegue que une ambos picos, y la enorme destrucción sufrida desde su origen.

A partir de los 1.600 metros comienza a escasear el arbolado. En estos pastos supraforestales encontramos Hypericum richeri, con sus largos filamentos estaminales y los pétalos moteados por glándulas negras.



También aparece aquí y allá la muy buscada hasta no hace muchos años, y ahora protegida, genciana amarilla, Gentiana lutea.


Un insistente reclamo, "tcha, tcha", nos hace observar unos pajarillos que se posan en bloques de roca tras un vuelo rasante y rápido. Podría ser la collalba gris, Oenanthe oenanthe, que nos devuelve la mirada con curiosidad.



Un verderón serrano, Serinus citrinella, compite con las collalbas grises por ocupar posición en las rocas.




El Castillo de Acher nos presenta su flanco oeste. La parte superior caliza, lo que propiamente parece un castillo, es un sinclinal colgado, totalmente separado del resto de calizas que le rodean producto de la fuerte erosión y pérdida de materiales.Este sinclinal descansa sobre una masa de areniscas rojas del permotrías, que aparecen fuertemente plegadas.


El murallón parece inexpugnable, pero sabemos que hay un paso sencillo en mitad de su flanco sur.

Hacia el Este tenemos los escarpes de Costatiza, con sinuosos pliegues y varias cuevas. Detrás de Costatiza,  Punta Agüerri que se prolonga hacia el oeste hasta formar la puerta excavada por el río Aragón en la llamada Boca del Infierno. Al otro lado de la puerta orográfica el pico Lenito.


En ambiente fontinal  la hierba centella acompaña a Alchemilla xanthochlora de flores verdosas.



También en estos lugares encharcados que crean los pequeños regatos encontramos Veronica beccabunga, flores de intenso azul celeste.


El ruido sordo del galope del sarrio sobre el blando suelo dura más que la fugaz visión de un pequeño grupo de sarrios corriendo por la pradera.

Pero el castillo de Acher es el espacio de la roca y ahora afrontamos el ascenso por la pedregosa y empinada cuesta.


En los últimos tramos sobre arenisca roja vive Astragalus sempervirens. Atención a sus largas y afiladas espinas que se esconden en la base del tallo.



Compartiendo espacio con el musgo, Gallium pyrenaicum


El camino está claro, aunque empinado. Vamos con calma.


Una especialista de las gleras, scrophularia canina, ya en el dominio de las calizas.



Erinus alpinus medra en pequeñas repisas donde se va acumulando suelo fértil

Estamos ya en el tramo más empinado. La caliza que corona el Castillo de Acher forma las elevadas almenas.



Una fisura es suficiente para Valeriana montana.


Toda muralla tiene una puerta, y Marisol está a punto de pasar por ella.


Una vez superada la puerta, aparece el interior de la fortaleza. Los estratos calizos forman un sinclinal y allí donde se ha perdido la continuidad del pliegue aparecen los acantilados como si de almenas se tratase. El proceso kárstico ha provocado la erosión a lo largo del eje de pliegue, dolinas y poljes que ahora están ocupados por la nieve.
Los habitantes del castillo, una manada de sarrios.


Y todo castillo tiene sus torreones, en este caso los picos situados en el extremo norte y el extremo sur. Dirigimos los pasos hacia el mayor de ellos que es Punta norte.
Veronica nummularia, planta perenne que vemos en crestones y lugares innivados, endemismo de las montañas pirenaicas y cántabras  habitual junto con las calizas.



Dryas octopetala comparte espacio con Anthyllis montana y forman una alfombra multicolor entre tanto cascajo.

Las previsiones de tiempo se han confirmado y el cielo se encapota rápidamente. En ocasiones baja un girón de niebla que oculta todo en derredor para después levantarse y mostrar apenas las montañas circundantes. Al frente punta del norte y punta del sur, las dos mayores prominencias del castillo.
El medio es hostil pero no estéril, entre las calizas, en torno a los 2.300mts. crecen buen número de especies.

Arabis alpina subsp. cantábrica.


También crucífera: Kernera saxatilis



La siempre fotogénica linaria alpina


Helianthemum oelandicum subsp. canum




Desde punta Norte la vista del sinclinal es fascinante, pocas veces se tiene la oportunidad de ver un pliegue totalmente separado, como desgajado del resto de la montaña. Al efecto espectacular de navío de piedra  contribuyen los márgenes cortados a pico, poco importa que las nubes lo cubran todo en derredor, nada quita protagonismo a esta singularidad geológica.

Allá abajo, Guarrinza, puerta de acceso a Aguas Tuertas, con Peña Lo Risté vestida de verde hasta la misma cima, y detrás en la penumbra Peña L'ariste, haciendo muga con Francia.
A pesar de que cae alguna gota, no podemos resistir la tentación de subir a Punta Sur, es como si quisiéramos ir de almena en almena. Y es un acierto puesto que nos muestra una nueva perspectiva hacia el interior de la muralla, con el dominio de Punta Norte...
Hacia el exterior,  aunque no podamos ver el territorio del Bisaurín, sí podemos ver los dominios de la sierra de Secús.

Antes de comenzar el descenso lanzamos una larga mirada desde lo alto de una almena


Pero la excursión no está terminada, la vuelta todavía nos depara más sorpresas:
Iberis bernardiana sobreviviendo a los movimientos de las gleras.

Pritzelago alpina subsp.auerswaldii



Globularia repens, arbustiva  que trepa y aprovecha la mínima ranura de la roca para acoplarse a ella y no sobresalir más allá de lo imprescindible, que luego vienen los hielos del invierno que lo arrasan todo.










En el descenso hemos llegado de nuevo al bosque. Un bosque mixto donde se alternan las caducifolias, bien representadas por el haya, y el perenne abeto.
Los coluvios acumulados durante eones así como la mayor humedad aportada por torrentes y escorrentías propician una flora que contrasta con la del achar. 



Polygonum viviparum



Tofieldia calyculata

































Campanula patula


Las sedosas alas de la Blanca del Majuelo (Aporia crataegi) brillan con la luz tamizada por el bosque.



Quizá sea la Doncella mayor (melitaea phoebe) la que apenas dobla la estrecha hoja donde se posa, y después de alzar repentinamente el vuelo se posa en mi mochila y me acompaña hasta el fondo del valle, donde nos espera el Castillo de Acher, ahora allá arriba.

Datos de la ruta:

Distancia recorrida 7 km (sólo ida)
Desnivel acumulado: 1.035m
Altitud salida: 1350m
Pico Castillo Acher: 2384m
Track de la ruta:
http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=8232931





















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