Ibones de Coronas

 26 de septiembre de 2025. Terminada la temporada estival, la pista que desde Senarta sube hasta Vallibierna vuelve a estar abierta y paradójicamente comienza la época para visitar tranquilamente ese elevado valle ya que la duración del día y las temperaturas se acortan. Hoy vamos a visitar los ibones de Coronas.

Hemos subido temprano ya que el camino requiere su tiempo. Llegamos al final de la pista cuando las primeras luces apenas alumbran la cima de Vallibierna - Culebras


Una fina capa de hielo se mantiene donde hay sombra, pero allá arriba luce un sol que deseamos alcanzar pronto para desentumecernos.

Es una ascensión sin tregua sobre ralos pastos que apenas vencen los caos de piedras graníticas que descienden cubriendo las laderas. Al otro lado del valle los suelos pizarrosos de la Sierra Negra, señoreada por la Tuca de Arnau y Roques Trencades conforman unas cimas ondulosas y suaves que contrastan con la verticalidad de los precipicios excavados mirando al valle.




El ibonet de Coronas,2240m.  medio colmatado, apenas representa la mitad de la superficie que declaran los mapas. Todavía su superficie está parcialmente congelada.

Las repisas y escalones del barranco muestran pinos negros torturados por las ventiscas invernales. Cimas y collados recibieron recientemente la visita de tempranas nieves.


Tras los ancestrales pastos de alta montaña , las brumas hacen levitar las lejanas cumbres.


A más de dos mil metros, en el inhóspito ambiente de los bloques de granito, poca vegetación se ha instalado. Bajan regatos abastecidos por los ibones que rompen el silencio de esta montaña.


A 2620metros aparece el primer ibón de Coronas, gris y silencioso como las rocas que le rodean.

Los derrubios de ladera  se adentran en el lago.

Vemos  cómo este primer ibón es atravesado por una larguísima falla ( uniría al menos el ibón de Cregüeña con el de Llosás) atravesando la crencha de Llosás. Esta falla pudo favorecer la formación del ibón al marcar el umbral rocoso que hace de dique de contención del lago. La falla continúa en línea recta creando la trinchera sobre la que ahora estamos y sigue en dirección al collado de Aragüells.
La crencha de Llosás que culmina en las agujas de Argarot, Tchihatchett y Franqueville, nos llevan al mundo de los  tresmiles y la antesala del Aneto.

Hemos llegado al segundo ibón de Coronas ( si no contamos al ibonet) , estamos a 2740m. La línea de crestas contiene lo más granado del macizo del Aneto, desde su máxima cima a la derecha, hasta el  Pico de la Maladeta a la izquierda

El Aneto, y a sus pies el vestigio del glaciar representado en  sus dos morrenas laterales, de contornos perfectamente delimitados y su confluencia en la morrena terminal en ángulo.  A su alrededor rocas aborregadas.


Desde la orilla del lago podemos ver la cima del Aneto.

Nos falta llegar al tercer y último ibón. La leve cuesta nos brinda el regalo de contemplar el lago desde arriba. Siempre es grato contemplar los ibones desde lo alto, quizá porque aparece el azul puro de sus aguas. Desde esta perspectiva, aparece la forma piramidal del pico Aragüells y su collado que se une al pico de la Maladeta.


A 2780m. damos con el tercer ibón, más próximo a la morrena que desciende del Aneto. 

Diseminados por el suelo, lejos de las laderas, bloques erráticos.


Aunque inaccesibles a nuestras pobres posibilidades, no cabe duda de que son hermosas estas paredes y agujas. Admiramos a quienes osan recorrerlas.

La montaña está viva y se engalana con brumas y sombras. Nos regalamos un largo rato de contemplación antes de comenzar el descenso.





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