Comienzan a aparecer las flores de Helianthemum violaceum, a veces casi solitarias en otras ocasiones en amplios ramos.
Es una planta perenne de finos tallos leñosos en la base que levanta múltiples ramas de palmo y medio coronadas por racimos laxos de flores. Las hojas son estrechas, lineares, de margen revuelto. Los botones florales muestran unos sépalos con costillas prominentes entre los que se ven colores purpúreos. Estos capullos tienen el ápice retorcido. Los estambres son todos fértiles, provistos de mazo productor de polen, característica que distinguirá a este género del próximo género Fumana.
Por aquí es frecuente que el caminante encuentre esta especie con los pétalos rosados con mácula amarilla, aunque la típica sea de pétalos blancos. Veremos cómo toda la planta está recubierta de fino tomento blanquecino.

Veo Helianthemum roseum mientras paseo camino de El Pueyo, y pienso que quizá exagero, que hay un factor que no he contemplado. Es el factor humano, su psique. El ser humano disfruta con la diferenciación. Se quiere distinguir. Si no le gusta vestir como el vecino de al lado, si trata de personalizar su casa, su coche, su aspecto. ¿No querrá comer también aquella variedad diferente de tomate, de garbanzo, de lechuga? ¿No querrá vestir una ropa de algodón que sabe se ha cultivado de manera diferente? ¿ No se revalorizarán las semillas que ahora se están guardando con mimo en los bancos de biodiversidad, que desde hace algunos años están creando agricultores interesados en salvar su identidad y su economía?
Identidad y economía.En un mundo global, parece una combinación subversiva.
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