Camino de El Pueyo. Asplenium petrarchae subsp. petrarchae




Quizá alguno de los lectores de este blog , después de la entrada de la semana pasada, en la que nos fijábamos en la rupícola Sedum dasyphyllum, le haya encontrado gusto a rastrear entre los recovecos de las rocas. Para mí es una experiencia diferente, puesto que me doy cuenta de que empleo en mayor grado el sentido del tacto. Ante una roca vertical  me convierto en cuadrúpedo y el horizonte cambia de posición. El suelo lo tengo enfrente, muy cerca de la vista, y las manos perciben las irregularidades del suelo. Todo está más a mano. Y al estar próximo, las pequeñas cosas aparecen magnificadas. Es el caso de este pequeño helecho que vive en las fisuras de las rocas, en lugares abrigados del frío y del extremo calor. Por causa de este hábito casi troglodita lo buscaremos allí donde la roca hace pequeños entrantes, o como es el caso de El Pueyo, entre los vetustos sillarejos que apuntalan el talud de la carretera. 
Lo observaremos formando no muy alargados frondes (hojas) con divisiones simples en forma de abanico, algo dentadas. Con la proximidad observaremos los pelos glandulosos que lo recubren. En el envés de los foliolos veremos los soros alargados, productores de esporas, cuando la planta esté en su ciclo reproductor.

Los helechos tienen un ciclo vital curioso. Aunque algunos están adaptados a lugares donde  escasea el agua, necesitan  un periodo húmedo en el que puedan completar su reproducción sexual. Las esporas, al germinar producen una protoplanta con órganos sexuales diferenciados. Los espermatozoides que produce el órgano masculino, dotados de numerosos flagelos, sólo se moverán en el agua, y así podrán alcanzar alguno de los óvulos que se encuentran en la misma u otra protoplanta, permitiendo así la combinación genética. Una vez completado el proceso nacerá, ahora sí, un verdadero helecho.  Las pequeñas cavidades de la roca permitirán que ésta humedad sea más duradera, y así sea más propicio el hábitat para reproducirse. Los helechos constituyen uno de los primeros pasos evolutivos de colonización de las plantas en los medios terrestres, pero están ligados todavía al medio acuático en su mecanismo de reproducción sexual.

Sierra Custodia

Un domingo con visos de que va a ser soleado ¿!!?, un lugar ya clásico en nuestros inviernos: Cuello Gordo, esta vez con ganas de subir un poco más, asomarnos a la Sierra Custodia por el placer, siempre el mismo placer, de ver qué se divisa desde allí arriba. Cuello arenas aparece desierto. Todavía no se ha despertado la máquina que pisa la huella del esquí de fondo. Agradable fresco matinal y nieve que recuerda que ya estamos en primavera.
Las Tres Sorores y el tajo inmenso del collado de Añisclo.


























La nieve lo oculta todo, y produce la extraña sensación de quietud. No hay briznas de hierba que se muevan con el viento. Las formas abruptas del valle de Ordesa comienzan a aparecer, rompiendo la monotonía blanca.

Desde Cuello Gordo, el valle de Ordesa,  ¿O mejor cañón de Ordesa?, muestra su fisonomía completa. El profundo abismo describe una cerrada curva. Este año la nieve es más abundante y no permite acercarse a la orilla del precipicio para ver correr el agua allá abajo.

Acudo al archivo de fotografías, tengo una de la Sierra Custodia cuando subimos con Diego a Mondicieto. Aquí está. Sierra que custodia los cañones de Ordesa y Añisclo, lugares de pastos milenarios.

Nos hemos encaramado a la primera punta de la Sierra Custodia. Los llanos de Góriz aparecen en toda su amplitud. Al fondo la legendaria Brecha de Rolando, custodiada por el Taillón y el Casco.

Hacia el Este, el tajo de Añisclo se observa como una herida negra.
Cotiella al fondo, en plano intermedio la proa vertical del Castillo Mayor. En primer término Cuello Vicenda, punto final del valle de Escuaín.
El tajo se profundiza en Sestrales. El espejo del embalse de Mediano avisa los límites del Pirineo hacia el Sur

Desde allá arriba, como un pequeño pájaro, en la quietud de la montaña, oteando el horizonte.




Camino de El Pueyo.Sedum dasyphyllum. Arrocetes, uguetas

La singularidad caliza del Pueyo de Barbastro, promontorio rocoso en un entorno de yesos y glacis, permite que allí crezcan especies rupícolas. Esta es una más de las uguetas o arrocetes con las que antaño podían jugar los niños a comidetas haciendo uso de las pequeñas y gruesas hojas. Es planta de hojas carnosas ( pertenece a la familia de las Crasuláceas) , y por tanto especializadas en la acumulación del agua para poder sobrevivir a fuertes insolaciones y escasas precipitaciones.
La vemos encaramada formando apretadas matas, con gran número de brotes estériles, siempre aprovechando el escaso suelo que pueda encontrar en una fisura de la roca. En ocasiones, creo yo que dependiendo del estrés, las hojas se vuelven rojizas. Estas hojitas se distribuyen apretadamente en la base, y a medida que crecen los tallos de agrupan en pares opuestos o en ocasiones en verticilos.
Las flores son pentámeras, blancas, estrelladas, pequeñas.
En conjunto tiene el aspecto de llevar una cubierta de fina borra, glandulosa. Esto promovió el nombre específico, dasyphyllum, compuesto por los términos  griegos dasi (peloso, espeso) y  fillon (hoja). 
Como la mayor parte de sus parientes del género sedum se han utilizado para hacer cataplasmas cicatrizantes. También es común en todas ellas la presencia de alcaloides que las hacen algo tóxicas.